viernes, 2 de enero de 2009

Alter ego

1ª: Lo primero y más importante es dar a la sombra la necesaria densidad y perfilarla con la mayor precisión posible. No hay que escatimar tiempo ni pintura. Nuestra sombra ha de tener cuerpo y prestancia para no desvanecerse con la primera nube.


2ª: A continuación debemos instruir a la sombra en el ancestral arte de la pintura. Nada más fácil. La sombra aprende por imitación, como todo el mundo. Unas cuantas pasadas con el rodillo y parecerá que lleva toda su vida haciendo esto, lo cual, por otra parte, es cierto.

3ª: Finalmente, cuando ya la sombra haya adquirido el ritmo adecuado y tenga esa soltura automática del acto reflejo, deberemos retirar con sumo cuidado el mango del rodillo. Si se han seguido estos pasos correctamente, la sombra continuará el trabajo con total naturalidad, sin darse cuenta siquiera de que ya no la guía nuestro brazo.

(post de xuanrata.blogspot.com)